El Pabellón de México para la Expo Shanghái 2010 se concibe como un espacio público ajardinado, donde el edificio desaparece para dar lugar a una plaza abierta definida por un talud habitable.
El programa de exhibición se ubica bajo esta superficie, mientras que una serie de estructuras ligeras en forma de papalotes proporcionan sombra, identidad y visibilidad al conjunto.